Crónicas sobre “El camino a casa” (y XII)

NATXO SOBRADO (Hipersónica)

Tenía olvidado este disco al final de una pila de pendientes. Cuando me llegó hace meses me encantó a primera vista el diseño del digipack, con pasajes dibujados a plumilla, donde venía a la mente un storyboard bien tratado o fragmentos de diferentes escenas, pero sin saber muy bien el por qué, se quedó relegado. Por casualidad, lo rescaté de ese fondo perdido y ahora está entre mis trabajos de este año.

Cuando dejas pasar un álbum así y luego lo recuperas, te encuentras con algo único, para terminar pensando el por qué del despiste inicial y cómo antes no fuiste capaz de prestarlo atención. Le Noise son de Bilbao, El Camino a Casa es su primer referencia y es un trabajo a la altura de grandes bandas.

El término gran banda es el más adecuado para los bilbaínos, ya que está formada por ocho miembros nada menos, y cuando se escucha el álbum a la cabeza vienen recuerdos de Calexico, de Dirty Three o de Nick Cave en el extranjero. Pero sobre todo, el nombre en el que más he pensado cuando sonaban las canciones de Le Noise era el de Migala.

Es muy pronto, demasiado, para encumbrar a un grupo con un solo álbum (aquí nadie es la NME), y sería un flaco favor para la banda vasca, pero de seguir los tiros por donde apunta El Camino a Casa no sería extraño hablar de un paralelismo con la banda disuelta hace unos años y que nos dejó trabajos como Restos de un Incendio (2002, Acuarela Música) para el recuerdo.

Le Noise tiene la misma habilidad para transmitir emociones con su música como la tenían los madrileños Migala. Además, da la casualidad que ambos se basan en la experimentación, en los referentes cinematográficos, en artistas musicales internacionales y sobre todo, en mezclar el post-rock con las fronteras del confuso género americano.

Por esto ya emociona El Camino a Casa, una de las mejores cartas de presentación de este año (junto a Jardín de la Croix, Margarita y McEnroe). El hecho de pensar que podríamos estar experimentando el nacimiento de otro gran grupo en la escena española es de destacar.

Pero un álbum se tiene que defender con canciones, no con alabanzas, así que vamos a ellas.Empecemos por la mitad, para trastocar el orden tan calculado que ha establecido la banda. En el meridiano del trabajo se encuentra ‘Mantra’, un tema de post-rock instrumental soberbio. Se va a los 8 minutos largos, como tiene que hacer una canción de este género, y hace lo más difícil, aparentar que son 2 minutos los que suenan. A través de cuerdas, de un inicio muy templado, acaban derivando hacia una exaltación de las guitarras y una distorsión perfecta.

Ahora volvamos al inicio, como quieren ellos empezar. ‘La noche del cazador’ es la película elegida para usar de sampler vocal, mientras que ellos van dando paso a las guitarras y a la melodía. Robert Mitchum narra su conocido monólogo y de fondo, percibimos la influencia que tiene el cine, el western y las bandas sonoras en las canciones de Le Noise.

Empiezan oscuros, y después rematan la puñalada con otro sampler vocal que habla sobre un piano de un bareto del Oeste, y dice así: “a los clientes les gusta; de puro viejo es moderno”. No necesitan más Le Noise para llevar a cabo la ironía. En esta primera parte se van al western y a Calexico, se van a las trompetas, donde dicen sentirse influidos por Miles Davis y no se despegan, ya que en el tercer corte, ‘Drivin’ Late Home’ firman uno de los grandes temas del año. De nuevo siete minutos de duración, con la mezcla de cuerdas, guitarras americanas y aquí sí, la voz de ellos que hace pensar en Nick Cave o en cualquier grupo mencionado con anterioridad. La magia que tiene esta canción se la da el cambio de ritmo y el buen uso de las voces corales que pasan a primer plano en un estribillo prolongado, mientras el piano también aprovecha el momento para subir.

Tras esta vitalidad, deciden parar, como hacer otro álbum. ‘Intro’ es el interludio que corta por lo sano, ‘Hey Hey Hey (La Vida Sin Ti)’ es de nuevo el dardo de trompetas y pianos con fuerza, mientras que llega la fase final del camino y los géneros se entrelazan como pasa en todos los buenos grupos.

El tridente formado por las canciones finales, a excepción de ‘Del Miedo a Lo Innombrable’ que es un epílogo a parte, es directo y eficaz, potente cuando quieren añadir las guitarras arriba y la percusión, o intimista si deciden encerrarse en sí mismos.

Y como toda buena obra, el final tiene que ser recordado. Se arriesgan, deciden superarse e ir a por los 14 minutos largos, algo poco recomendable para un cierre. La maniobra les sale perfecta, de nuevo aparece Migala, y la sensación de que estamos ante algo grande que acaba de empezar.

Ganaron en 2007 el concurso Villa de Bilbao y hasta este año (por diferentes motivos) no pudieron finalizar el álbum. El Camino a Casa tiene que ser el primero, y tiene que ser continuado en breve para poder seguir apreciando el talento de Le Noise.

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~ por lenoise en noviembre 1, 2008.

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